Antes de comenzar quiero aclarar
que este texto es mi punto de vista, lo que he reflexionado y de lo que me he
apropiado por sentirlo cercano a mi percepción de la muerte, en ningún momento
mi intención es ofender el dolor de otros, porque por ese dolor también he
pasado, pero me ha enseñado, hago esta aclaración entendiendo que este es un
tema de mucha sensibilidad. Mi más sentido respeto hacia el dolor que usted ha
sentido, así como mi más sentido respeto a la muerte, esa gran escuela.
A todos mis muertos y a todas mis muertes
¿Que podríamos hablar acerca de la muerte?, quizá nada que no esté
basado en nuestro sistema de creencias, en eso que aprendimos desde niños y que
enriquecimos con el pasar de los años. Hablar sobre la muerte puede ser extenso
y complejo, creo que mejor podríamos recordar sobre la muerte, porque no es
algo de lo que debamos aprender, es más bien un proceso que deberíamos recordar,
porque así como para muchas religiones y creencias espirituales, para mí por ahí ya pasamos, y muchas veces.
¿Pero cómo recordarlo?, no hay una manera correcta o incorrecta, así
como no creo que haya una sola muerte ni una sola manera de enfrentarla, creo
que la idea que cada quien arme en su imaginario es la manera perfecta, que con
reencarnación por favor, o no, mejor con resurrección, o no, mejor con la idea
de fundirme con el todo, ¿Quién recuerda verdaderamente?, ¿y si alguien lo
recuerda porque creer que así será para todos?
No hay nada que nos acerque tanto a la vida que hablar de la muerte,
por ejemplo para nuestro árbol genealógico la concepción, el nacimiento y la
muerte son la misma cosa, para algunos el nacimiento es equivalente a la muerte,
y revisar cómo fue nuestro nacimiento nos puede dar una pista de cómo fue
nuestro proceso de muerte, no en el sentido de como morimos sino de cómo es la
dinámica al momento de morir, para otros el sueño es similar a la muerte, como
son sus sueños puede ser su proceso de muerte, para algunos incluso el orgasmo
es una pequeña muerte, y no estoy en desacuerdo, pues en los pocos segundos que
dura un orgasmo nuestro ego intelectual se borra, la energía que fluye es
inmensa y nuestra mente racional queda nula, prácticamente podríamos decir que
si queremos alcanzar esa tan elevada
idea de poner nuestra mente en blanco, el orgasmo sería una vía, en fin,
la muerte nos acerca tanto a la vida que cuando un ser querido fallece sentimos
una necesidad inexplicable de reflexión y de recogimiento, ahí, cuando eso pasa
es cuando más nos acercamos a nosotros mismos, sea desde el punto de vista
físico de plantearnos que somos o que es la materia, o desde el punto de vista
espiritual que nos hace cuestionarnos a donde vamos y de dónde venimos, o quizá
desde el punto de vista emocional al acercarnos a nuestras emociones más que a
las del fallecido. Porque si revisamos
con detenimiento, cuando un ser querido
fallece sentimos un dolor que es obvio e inevitable en la mayoría de los casos,
pero llega a ser un dolor, más que por la persona, animal o cosa (porque a todo
le damos vida, ¿o no le ha dolido cuando le roban algo material?) es por lo que
esa persona animal o cosa se lleva de nosotros, y eso lo podemos evidenciar en
frases como “ ya no lo voy a volver a ver”, o “ me duele su partida”, porque en
esas frases soy YO el protagonista, soy yo quien no va a volver a verlo, soy yo
a quien le duele su partida, porque del otro, del que se va, no sabemos nada,
no sabemos a dónde va, o por donde va a pasar, o si no va a pasar nada, precisamente
porque no lo recordamos, no sabemos si esa persona va a sentir que no nos ve o
que le duele habernos dejado, realmente no lo sabemos, solo suponemos basados
en nuestras creencias.
Cuando alguien cercano fallece nos volcamos hacia nosotros, a
revisarnos, a tratar de enmendar, de reparar o en el peor de los casos a
culparnos, pero siempre volvemos a nosotros, es como un sentimiento de
nostalgia, no por el que se va, sino por el que se queda.
Por eso la muerte nos acerca tanto a la vida, porque quizá no sea un
final, quizá sea un comienzo, o quizá las dos cosas, ¿Qué sabemos?, ¿Qué
recordamos?
Si en nuestra sociedad le diéramos un sentido a la muerte de
trascendencia, si le quitáramos la etiqueta de final quizá se respetaría más la
vida, porque ¿para qué le quito a alguien la vida si lo voy a hacer trascender
o evolucionar?, si vemos la muerte de otra manera al mismo tiempo entendemos la
vida de otra manera, mientras sigamos viendo a la muerte como lo peor que puede
sucederle a un ser, vamos a seguir buscando en la violencia por ejemplo el
mejor método, pero si convertimos poco a poco la muerte en algo tan asombroso
como un nacimiento, ¿para qué le voy a quitar la vida a otro? No sería un
castigo fulminante pienso yo.
Creo que el tema de trascendencia espiritual va as allá de si le quito
o no la vida a otro, va más allá de una ley karmica o algo así, no creo que
hayan jueces que señalen y dicten mi destino en un tribunal de muertos, creo que
más bien la comprensión de como
equilibrar la vida y la muerte es lo que verdaderamente cuenta al momento de
hablar de trascendencia espiritual.
Lo invito a que piense en su muerte, a que no le huya, a que piense en
como sería el proceso de morir, el transito como lo llaman los budistas
tibetanos, piense en ello, y un buen ejercicio es estructurarlo, es decir,
imagine como va a ser (el proceso luego de morir el cuerpo físico, no como va a
morir), imagine por donde va a pasar, si se va a encontrar con alguien o no, si
va a llegar a un sitio o no, y sobretodo imagine como en ese momento usted
reconoce que está atravesando por su muerte, imagine como hace consciencia y
reconoce el momento, eso desde el punto de vista budista, puede ayudarle a
recordar en ese momento que la idea es no volver, sino trascender, ¿a dónde? Lo
invito a que también imagine eso, puede apoyarse en sus creencias, todo vale.
¿Ha pensado en cómo va a ser su proceso al momento de su muerte? Piénselo
y vera como automáticamente reflexiona a cerca de cómo ha sido y es su estadía
actual aquí en vida.
Giovanni Castañeda
Terapeuta Transpersonal

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