martes, 14 de enero de 2020

DALE ACEPTAR


Una abeja reina hace lo que tiene que hacer, una abeja obrera también, entre las hormigas pasa igual, las plantas crecen cuando, cuanto y en donde deban hacerlo, un perro es un perro y un gato un gato, por donde miremos en la naturaleza no hay pretensiones. Nacer,  crecer, comandar una manada, cazar, marcar un territorio, alejar a un enemigo o pelear por reproducirse no pueden, desde mi punto de vista, considerarse como pretensiones, simplemente son acciones manifestadas desde una posición clara, desde un objetivo, inconsciente quizá, de avance, evolución, desde la necesidad de aportar a una gran obra que quizá este ávida de nuestra mano.
Pero nosotros pasamos la vida pretendiendo, pretendiendo ganar por ganar, llegar al éxito profesional o económico, acumular, sea cosas o conocimientos , pasamos la vida queriendo llegar a la cumbre, pero cuando llegamos no la vemos, nuestro ego no la deja ver, porque siempre nos va a decir que necesitamos más, que esa no es la cima, que aún falta mucho por tener, ganar, acumular, pasamos la vida creyéndonos un cuento que nosotros mismos nos contamos en donde nos decimos que somos el gran aporte, cuando somos los últimos en la fila para hacerlo. Aun así podríamos aportar, pero para ello tendríamos que renunciar a esa falsa “condición superior” que nosotros mismos nos asignamos y que al final de cuentas lo único que hizo fue separarnos, pero aun así seguimos teniendo chance, aun así podemos hacer nuestro aporte, ¿Cómo?, ocupando el lugar que nos corresponde, sin juzgarlo, sin pretenderlo, sin querer hacerlo mejor, o más grande, o sin querer obtener a cambio lo que ese lugar no nos va a dar nunca, solo vivenciándolo, experimentándolo, tratando de comprenderlo, ocupándolo, nada más, creo que ahí está una gran clave, una de las claves terrenales para toda infelicidad e insatisfacción. Solo observemos nuestro entorno, nuestra vida presente, esa que obtuvimos gracias a nuestro “pasado”, eso que somos  y tenemos hoy es lo justo, es lo que debemos tener y lo que debemos ser, eso que hoy vemos, probamos, tocamos, escuchamos, pensamos, eso es lo que nos da un lugar, y aceptarlo es lo que nos puede liberar, pero nos da miedo, nos atemoriza porque desde pequeños nos dijeron que nuestro lugar siempre va a estar más allá del que estamos ocupando, y nos enredamos con ese cuento, no lo entendimos, no lo comprendimos y así pasa que tenemos un trabajo y queremos uno mejor, ganamos un sueldo y queremos un mejor, tenemos una pareja y queremos una mejor, compramos una casa y queremos una mejor, tenemos hijos y queremos más a ver si de pronto nos quedan mejor, nunca estamos satisfechos y nunca lo vamos a estar mientras, como cada hormiga o abeja, no aceptemos nuestro lugar, no aceptemos que ocupamos un espacio y que ese espacio, desde el mismo, sin pretensiones, ya hace un aporte, una labor, y que aceptar el lugar que en el momento nos corresponde nos va a dar la posibilidad de generar, sin lucha ni esfuerzo, un cambio de perspectiva con respecto a la vida, pues no se trata de que no podamos avanzar en la metas que nos planteamos, se trata que estamos acostumbrados a querer avanzar hacia esas metas sin siquiera vivir y aceptar la que ya hemos conseguido, es como querer subir un escalón sin disfrutar ni agradecer el que nos está sirviendo de apoyo. Queremos que la vida esté de nuestro lado pero todo el tiempo vamos en contra de ella.
Aceptemos que mientras queremos tomar la pelota con las manos, la pateamos con el pie, aceptemos que, en este medio, en este plano material de consciencia, ocupamos un espacio y ejercemos una labor, aceptemos que si ocupamos nuestro lugar dignamente vamos a eliminar tensión, angustia, insatisfacción, y que si eso pasa, vamos por fin a aceptarnos por lo que somos, pedazos de un dios que necesita volverse a integrar para dar un paso más, ¿hacia dónde?, no sabemos, pero de lo que si podemos estar seguros es que para dar ese paso, necesitamos realmente aceptar los zapatos que estamos calzando.
Mientras fluyan nuestros procesos, continuémoslos, cuando se estanquen soltémoslos, tomemos ese lugar para poder generar un cambio, no va a ser eterno porque la impermanencia nos rige, pero aceptémoslo por ahora, sin lucha, sin tensión, sin sentirnos  frustrados, porque ese lugar que acabamos de obtener, no es ni más ni menos de lo que deberíamos estar viviendo, y observémoslo para que veamos como aporta.
Y por favor, comprendamos esto, no tomemos esta idea como conformismo o resignación, no, la idea es avanzar desde la aceptación, no desde la tensión. La única forma para que usted llegue a un punto determinado es que primero se dé cuenta de cuál es el punto en el que esta, usted no puede llegar a Paris si primero no sabe, reconoce, y acepta que está en América, de lo contrario ¿Qué vuelo tomaría?, ¿Cuál sería la ruta adecuada?, así mismo pasa con cualquier objetivo en la vida, o cualquier situación difícil que se le presente y de la cual quiera salir, si no reconoce quien y que es lo que hace en este punto de su vida, difícilmente va a poder llegar a donde necesita.
Cuando no aceptamos lo que es, vamos en contra del momento presente, y cuando hacemos esto vamos en contra de la vida, porque esta solo consiste en este momento, nada más, y al ir en contra de la vida y no fluyendo con ella, ¿que podríamos experimentar?, pues dolor, insatisfacción, frustración, etc.
La aceptación no significa que no podamos cambiar las cosas internas que necesitamos cambiar, la aceptación significa que aceptamos la vida y que le decimos que no estamos contra ella.

Vivamos el momento que estamos viviendo, sin juicios, sin etiquetas, sin condicionamientos, solo aquí en el presente, pues no hay más, el resto hace parte de nuestra imaginación.

Este texto está inspirado en las enseñanzas de Eckhart Tolle y su idea de aceptación del presente como fuente de unión con nuestro espíritu.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

HABLANDO DE LA MUERTE


Antes de comenzar quiero aclarar que este texto es mi punto de vista, lo que he reflexionado y de lo que me he apropiado por sentirlo cercano a mi percepción de la muerte, en ningún momento mi intención es ofender el dolor de otros, porque por ese dolor también he pasado, pero me ha enseñado, hago esta aclaración entendiendo que este es un tema de mucha sensibilidad. Mi más sentido respeto hacia el dolor que usted ha sentido, así como mi más sentido respeto a la muerte, esa gran escuela.
A todos mis muertos y a todas mis muertes
¿Que podríamos hablar acerca de la muerte?, quizá nada que no esté basado en nuestro sistema de creencias, en eso que aprendimos desde niños y que enriquecimos con el pasar de los años. Hablar sobre la muerte puede ser extenso y complejo, creo que mejor podríamos recordar sobre la muerte, porque no es algo de lo que debamos aprender, es más bien un proceso que deberíamos recordar, porque así como para muchas religiones y creencias espirituales, para mí  por ahí ya pasamos, y muchas veces.
¿Pero cómo recordarlo?, no hay una manera correcta o incorrecta, así como no creo que haya una sola muerte ni una sola manera de enfrentarla, creo que la idea que cada quien arme en su imaginario es la manera perfecta, que con reencarnación por favor, o no, mejor con resurrección, o no, mejor con la idea de fundirme con el todo, ¿Quién recuerda verdaderamente?, ¿y si alguien lo recuerda porque creer que así será para todos?
No hay nada que nos acerque tanto a la vida que hablar de la muerte, por ejemplo para nuestro árbol genealógico la concepción, el nacimiento y la muerte son la misma cosa, para algunos el nacimiento es equivalente a la muerte, y revisar cómo fue nuestro nacimiento nos puede dar una pista de cómo fue nuestro proceso de muerte, no en el sentido de como morimos sino de cómo es la dinámica al momento de morir, para otros el sueño es similar a la muerte, como son sus sueños puede ser su proceso de muerte, para algunos incluso el orgasmo es una pequeña muerte, y no estoy en desacuerdo, pues en los pocos segundos que dura un orgasmo nuestro ego intelectual se borra, la energía que fluye es inmensa y nuestra mente racional queda nula, prácticamente podríamos decir que si queremos alcanzar esa tan elevada  idea de poner nuestra mente en blanco, el orgasmo sería una vía, en fin, la muerte nos acerca tanto a la vida que cuando un ser querido fallece sentimos una necesidad inexplicable de reflexión y de recogimiento, ahí, cuando eso pasa es cuando más nos acercamos a nosotros mismos, sea desde el punto de vista físico de plantearnos que somos o que es la materia, o desde el punto de vista espiritual que nos hace cuestionarnos a donde vamos y de dónde venimos, o quizá desde el punto de vista emocional al acercarnos a nuestras emociones más que a las del fallecido.  Porque si revisamos con detenimiento,  cuando un ser querido fallece sentimos un dolor que es obvio e inevitable en la mayoría de los casos, pero llega a ser un dolor, más que por la persona, animal o cosa (porque a todo le damos vida, ¿o no le ha dolido cuando le roban algo material?) es por lo que esa persona animal o cosa se lleva de nosotros, y eso lo podemos evidenciar en frases como “ ya no lo voy a volver a ver”, o “ me duele su partida”, porque en esas frases soy YO el protagonista, soy yo quien no va a volver a verlo, soy yo a quien le duele su partida, porque del otro, del que se va, no sabemos nada, no sabemos a dónde va, o por donde va a pasar, o si no va a pasar nada, precisamente porque no lo recordamos, no sabemos si esa persona va a sentir que no nos ve o que le duele habernos dejado, realmente no lo sabemos, solo suponemos basados en nuestras creencias.
Cuando alguien cercano fallece nos volcamos hacia nosotros, a revisarnos, a tratar de enmendar, de reparar o en el peor de los casos a culparnos, pero siempre volvemos a nosotros, es como un sentimiento de nostalgia, no por el que se va, sino por el que se queda.
Por eso la muerte nos acerca tanto a la vida, porque quizá no sea un final, quizá sea un comienzo, o quizá las dos cosas, ¿Qué sabemos?, ¿Qué recordamos?
Si en nuestra sociedad le diéramos un sentido a la muerte de trascendencia, si le quitáramos la etiqueta de final quizá se respetaría más la vida, porque ¿para qué le quito a alguien la vida si lo voy a hacer trascender o evolucionar?, si vemos la muerte de otra manera al mismo tiempo entendemos la vida de otra manera, mientras sigamos viendo a la muerte como lo peor que puede sucederle a un ser, vamos a seguir buscando en la violencia por ejemplo el mejor método, pero si convertimos poco a poco la muerte en algo tan asombroso como un nacimiento, ¿para qué le voy a quitar la vida a otro? No sería un castigo fulminante pienso yo.
Creo que el tema de trascendencia espiritual va as allá de si le quito o no la vida a otro, va más allá de una ley karmica o algo así, no creo que hayan jueces que señalen y dicten mi destino en un tribunal de muertos, creo que más bien  la comprensión de como equilibrar la vida y la muerte es lo que verdaderamente cuenta al momento de hablar de trascendencia espiritual.

Lo invito a que piense en su muerte, a que no le huya, a que piense en como sería el proceso de morir, el transito como lo llaman los budistas tibetanos, piense en ello, y un buen ejercicio es estructurarlo, es decir, imagine como va a ser (el proceso luego de morir el cuerpo físico, no como va a morir), imagine por donde va a pasar, si se va a encontrar con alguien o no, si va a llegar a un sitio o no, y sobretodo imagine como en ese momento usted reconoce que está atravesando por su muerte, imagine como hace consciencia y reconoce el momento, eso desde el punto de vista budista, puede ayudarle a recordar en ese momento que la idea es no volver, sino trascender, ¿a dónde? Lo invito a que también imagine eso, puede apoyarse en sus creencias, todo vale.

¿Ha pensado en cómo va a ser su proceso al momento de su muerte? Piénselo y vera como automáticamente reflexiona a cerca de cómo ha sido y es su estadía actual aquí en vida.

Giovanni Castañeda 
Terapeuta Transpersonal

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE... DE NUESTRAS IDEAS


"El mayor miedo del ser humano es NO PERTENECER" 
Ricardo Cortés

Si una de las mayores y más profundas necesidades del ser humano es reproducirse, su mayor miedo es no poder hacer parte de algo, por eso quizá su afán de reproducirse, porque asegura la pertenencia de su especie.
Desde antes de nacer, en el vientre de mama, ya pertenecemos, no conscientemente, pero a nivel inconsciente ya hacemos parte de algo, ¿de qué? Pues de mama y sus emociones, sus sentimientos, su memoria. Ahí nos sentimos seguros, pero no es por mucho tiempo, pasados unos meses salimos y nos encontramos con la antítesis de la seguridad, el mundo exterior. Comenzamos entonces a generar ese miedo primario, ese terror inconsciente a no pertenecer, ¿a qué? A algo, lo que sea que nos devuelva esa “seguridad” perdida, porque antes de querer reproducirnos lo que buscamos es sobrevivir, o por lo menos así lo entiende nuestro cerebro y nuestra mente no consciente, y ese sentido arcaico nos lleva a buscar esa sensación de pertenencia. Y así nos unimos a nuestro clan, a los nuestros, a sus ideas y a su manera de ver el mundo, a su manera de experimentar la vida. Ya pertenecemos, ya estamos seguros, eso sí, sin importar el precio. Y así continuamos intentando pertenecer a algo, casándonos con ideas que vamos encontrando en nuestro camino, ideas que de preferencia validen en parte nuestra pertenencia al clan, a nuestra familia. Y seguimos y cultivamos ideas, creencias, maneras de ver y reaccionar ante el mundo, y así mismo nos “estrellamos” continuamente porque siempre vamos a encontrar a otros que se casaron con ideas diferentes, y así aumentamos el nivel de pánico y la necesidad de pertenencia.
Pero ¿y cuál es el problema con pertenecer? Que si no somos conscientes de ello y nos casamos con esa pertenencia y sus ideas  conceptos, nos limitamos, nos llenamos de miedo y vivimos desde el miedo haciéndonos el mundo más “pequeño e inseguro”. El problema no es pertenecer  tener una idea, el problema es ligarse a ella de por vida.
Queremos ser libres, pero buscamos de mil maneras las barreras que nos lo impiden.
Somos seres cíclicos, cambiamos constantemente, el cuerpo, el cerebro mismo hace conexiones diferentes cada momento, por eso no es el mismo de ayer, las células mueren y nacen otras nuevas, nuestra fisionomía cambia así como cambia todo en la naturaleza de la cual somos parte solo que a veces la consideramos algo independiente de nosotros, somos energía viva, en movimiento, no estática, no muerta ¿entonces porque empeñarnos en volvernos inalterables? ¿Por qué si nuestro cuerpo y nuestro entorno cambian constantemente tenemos que negarle esa posibilidad a nuestra mente y nuestros pensamientos? ¿Acaso no son parte de nosotros como nuestro cuerpo?, y la respuesta es por miedo, terror a salir de una repetición estéril y entrar en nuestra esencia creativa como anotaría  Alejandro Jodorowsky.
Y ahí es cuando disfrazamos esa libertad tan anhelada con máscaras que llamamos dogmas, creencias, visiones sobre el mundo y posiciones radicales sobre la vida. Queremos ser libres pero nos atamos una cadena y un grillete a nuestros pies con ideas pre concebidas, con prejuicios y con VERDADES, porque nos encanta ser poseedores de la verdad.
¿Porque no nos permitimos ser unos hoy y mañana otros? ¿Por qué lo que hoy pensamos lo tenemos que grabar en piedra? Para luego sentir que hay algo que nos puede traer un beneficio en este afán de libertad y sentirnos mal porque ante todo, incluso antes de nuestro bienestar, está la estéril lealtad que juramos a nuestros ideales por miedo a nosotros mismos, por miedo a aceptar nuestra naturaleza cíclica y cambiante.
Intentemos por un día no casarnos con nuestras ideas, con la visión que tenemos de las cosas a ver qué pasa.
¿Será que nos descargamos un poco?, ¿será que nos aligeramos?, ¿será que chocamos menos con nuestro entorno?, ¿será que al menos por un día nos sentimos realmente libres?
Quizá sea eso lo que pase, quizá no, pero por un día nos habremos permitido ser uno con nuestra naturaleza cíclica, por un día habremos salido del miedo insano, por un día al menos antes de partir habremos experimentado ese sentimiento de unidad con el todo que tanto buscan las filosofías antiguas, por un día habremos dejado de  lado los conceptos que intentan definir, limitar lo que es espiritualidad y nos habremos reconocido como parte viva de la naturaleza. Pero esto no lo propongo como un tema social de inclusión, aunque pueda servir no es mi intención, es algo que va mucho más allá de ello, no es que por un día estemos de acuerdo con las ideas de los demás, pues siento que así volvemos a caer en lo mismo, volvemos a caer en mandar hacia afuera la responsabilidad propia, no, no es estar de acuerdo con todo y todos, es por un día estar en desacuerdo con nosotros mismos, con nuestras ideas y nuestros juicios. No es que por un día seamos otros, no porque volveríamos a definirnos a limitarnos, es que por un día no seamos nosotros.
No busquemos la libertad, que para mí es sinónimo de espiritualidad, en la limitación, en definiciones y conceptos, es más, no la busquemos, solo permitámosle su expresión.

Este articulo responde a una idea propia no a una verdad, una idea que tengo hoy y que espero usted encuentre más adelante un artículo en donde yo mismo la refute.
No nos casemos con las ideas.

Giovanni Castañeda 
Terapeuta Transpersonal

LA CLAVE ES OBSERVAR


Hemos crecido acostumbrados a enfrentar los problemas desde la lucha, el juicio, el señalamiento, nos hemos acostumbrado a buscar afanosamente una solución práctica e inmediata  a cualquier problema que se nos presente, queremos solucionarlo en un abrir y cerrar de ojos, con un chasquido de dedos, queremos solucionarlo sin siquiera verlo, observarlo, comprenderlo, cuando precisamente la clave está ahí, en la observación.
Observar el problema nos saca de nuestra zona de confort, esa que precisamente podría haber estado generando dicho conflicto, observar nos permite reconocer, comprender y de esa forma fragmentar el problema, desarmarlo, como cuando de niños desarmábamos un juguete para ver cómo funcionaba, y al hacer esto podemos reconocer que ese problema no tiene una existencia propia, sino que es el resultado de una interdependencia, es decir que está conformado por pequeñas partes que de una manera ilusoria nos hacen ver un monstruo fuerte y compacto en donde no lo hay. Observar nos va a permitir fragmentar el problema y al hacerlo este pierde energía, pierde fuerza.
Además de esto vamos a eliminar juicios, nos vamos a hacer responsables y al hacerlo podemos generar cambios, pues no podemos cambiar lo que no es nuestro, solo podemos cambiarnos a nosotros mismos y nuestra visión del mundo, al hacerlo atendemos el llamado que desde hace rato nos estamos haciendo y podemos comenzar a desarrollar nuestra tarea de vida, sin importar ni pensar si la terminaremos o no, pue lo importante es  comenzarla, ponerla en marcha, porque de esa manera habremos dado un sentido mucho más profundo a nuestra existencia.
Y parte de ello es mi trabajo, acompañarlo a usted a que observe, a que se observe, a que ponga en marcha la tarea comenzando a soltar ataduras y comprendiendo lo que su presente le está mostrando como necesidad, porque para dar un paso adelante, para subir un escalón, debemos abandonar el anterior. Mi trabajo a su lado no es cambiarle las cosas, no es solucionarle los conflictos, ni siquiera vamos a trabajar en que usted solucione un problema, mi trabajo es acompañarlo a que usted observe dicho tema, a que lo explore, lo comprenda, conozca el “por qué” y el “para qué “ lo está generando, lo cual le va a dar la libre opción de asumir una postura desde la cual pueda brindarle una solución, pero como tal cambiarlo o solucionarlo es una tarea suya y solo suya, esa es su responsabilidad como ser en evolución, solo que comprendiéndolo va a saber cómo.
Siempre nos quisieron enseñar a observar el exterior, es momento de comenzar a observarnos a nosotros mismos, a conocernos y ver como esos problemas que veíamos como monstruos se pueden convertir en aliados de nuestro desarrollo personal y de nuestra evolución espiritual.
Observar es la cuota inicial para cualquier cambio responsable.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

A LO ÚNICO QUE ESTAS OBLIGADO ES A SER FELIZ


Casi nada. Contundente y radical nos suena una frase que escuchamos o leemos en repetidas ocasiones y que venida desde la publicidad, desde algunas  terapias alternativas o complementarias o desde diferentes  corrientes de pensamiento positivo, nos propone algo que puede llegar a ser tan complejo y abstracto como definir en si misma esa palabra, felicidad.
No sabemos con certeza que es o en donde está, pero la tenemos que encontrar,  se nos dice que estamos obligados a ser felices cuando ni siquiera se nos invita a ahondar en el origen de alguna insatisfacción. “Obligado a ser feliz”, eso cala, hace mella, eso se incuba en lo más profundo y nos condiciona a algo que en nuestra sociedad se convirtió en regla, y que se mide bajo unos parámetros que en muchas ocasiones lleva a las personas a asumir posturas perjudiciales para sí y para otros, parámetros, que aunque posibles de cumplir por algunos, se terminan convirtiendo en logros insuficientes y semillas de frustración.
La sola palabra “obligación”, ya de por si perjudica, nos vuelve vulnerables, temerosos, nos va a indicar un faltante constantemente, nos puede generar angustia, ansiedad, y  nos puede llevar a intentar gestionar dichas emociones  con métodos  poco hábiles como las adicciones, o los comportamientos autodestructivos, ¿y qué decir de la palabra “felicidad”?, ¿eso existe?, ¿alguien sabe cómo es?, ¿con que se come?, ¿Cómo se consigue?, quizás sí, el problema es que cada quien tiene su visión de lo que es la felicidad, cada quien la ve desde su perspectiva, cada quien la asume según sus creencias, su información interna, cada quien, y de alguna manera recordando a John Lennon,  la mide según su dolor. Entonces estar obligados a ser felices es como vivir intentando entregar una tarea que no sabemos cuál es, y por ende no sabemos cómo hacerla y ni siquiera a quien entregársela.
En cambio de obligarnos, invitémonos a ser responsables.
No estás obligado a ser feliz, estas en la capacidad de ser responsable de tu bienestar.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal


SOMOS VIAJEROS



Somos viajeros
Somos viajeros, pero nos confundimos en el camino.
Creímos que veníamos a conquistar, cuando en realidad estábamos de paso, echamos el ancla antes de poner a navegar el barco, nos confundimos en el camino.
Creímos que debíamos asentarnos y echar raíces, sujetarnos, atarnos, enclaustrarnos en nuestra reducida visión de la vida, nos confundimos en el camino.
Creímos que no había más existencia que la que entre todos nos ajustamos, hicimos disimuladamente  un trato basado en el miedo, nos confundimos en el camino.
Creímos que no éramos más que la carne que termino pudriéndose y las ideas que terminaron desvaneciéndose, nos menospreciamos, nos desvalorizamos, nos confundimos en el camino.
Creímos que nunca volveríamos y por eso en nuestro andar botamos el equipaje, ese que contenía nuestros bienes más preciados, nos creímos independientes, nos confundimos en el camino.
Hoy, fuera del cuerpo, fuera del tiempo, sin espacio, sin ideas, sin conceptos, sin emociones, sin definiciones o títulos, hoy en la nada que es el todo, nos reconocemos, reconocemos el camino y la confusión, y pedimos a gritos un pasaje de vuelta, pero es tarde, porque para volver solo hay una cosa que hacer, volver al camino e intentar recordar en qué punto nos confundimos.

Giovanni Castañeda

Terapeuta Transpersonal





TERAPIA TRANSPERSONAL: MÁS QUE UN MÉTODO, UN ENFOQUE DIFERENTE


La terapia Transpersonal, desde mi visión, es el enfoque que se le da a una serie de herramientas terapéuticas, todo sobre una base de reconocimiento espiritual. Es decir, más que un método, es la manera como se abordan determinados métodos de trabajo interior.
Mi trabajo con usted está enfocado a la observación, comprensión, responsabilidad y aceptación (no resignación) de determinadas situaciones que afectan su vida, como puntos de partida claves al momento de darles una  solución en la práctica.
¿Para qué es importante que observe?, para que pueda tomar acción en cambio de reaccionar ante una situación que le genere molestia.
¿Para qué es importante que comprenda?, para que se dé cuenta del aprendizaje y del tema concreto a trabajar que dicha situación le está mostrando.
¿Para qué es importante que se haga responsable?, para que no siga generando ese problema en su camino, al hacerse responsable comprendiendo que ese problema lo genero usted mismo con el fin de darse un mensaje, deja la necesidad de estar creándolo en su vida.
¿Para qué es importante que acepte?, para que fluya con lo que no puede controlar, la vida, y  así no tenga que crear tensiones innecesarias.
Cuando usted tiene presentes estos cuatro puntos al momento de hacer un trabajo interior, comienza a estar en la capacidad de generar una respuesta adecuada a la situación que le afecta, ya no va a pedir una solución ni a esperar a que alguien lo solucione por usted, sino que va a poder, desde su propia capacidad, gestionar cada aspecto de su vida, y es ahí cuando llega un valioso crecimiento personal y un necesario reconocimiento espiritual.
Si le interesa trabajar en la comprensión de cada una de sus situaciones puede contactarme al teléfono: 3204706267 o al correo electrónico: crterapiatranspersonal@gmail.com
Gracias.

Giovanni Castañeda

Terapeuta Transpersonal